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» La ruta del hielo. Buques rompehielo en Canadá

El hielo es una presa mortal para los barcos, y no sólo en la Antártida. En Canadá, el Centro del Hielo asiste a los mercantes en dificultades y crea rutas entre los bloques


Thalassa-online

Desde la entrada del golfo de San Lorenzo hasta la ciudad de Québec, hay unos mil kilómetros. Para los barcos, atravesar el estuario en pleno invierno significa un recorrido lleno de trampas, un recorrido para luchadores, vigilado día y noche por los guardacostas canadienses. De madrugada, una patrulla de vigilancia sale de la base de los guardacostas, con el objetivo de sobrevolar las zonas sensibles del golfo que estén amenazadas por el hielo.

Uno de los vigilantes explica: “Busco grandes placas de hielo, placas que puedan obstruir la ruta principal por la que navegan los barcos.” Esta noche el hielo ha vuelto a cerrarse y la navegación será difícil. Por la radio, advierten a todas las embarcaciones: “Rogamos a los navegantes que vayan con prudencia extrema...”

El Centro del Hielo de Canadá es una auténtica torre de control del tráfico marítimo. El golfo de San Lorenzo está sometido constantemente a una estrecha vigilancia. Se controlan todos los caprichos del río gracias al satélite y a las cámaras. Reginald es uno de los vigilantes del Centro y controla estos servicios. Además, recibe las peticiones de auxilio de los barcos.

Ya de buena mañana algunas embarcaciones ya están en serias dificultades. “Sí, mire, es este de aquí, el MVAigüine, que esta mañana a las cuatro ha avisado que estaba atrapado por el hielo... Después hay este otro, aquí. Nos han avisado de que también está bloqueado por el hielo. Su destino era Port Alfred” comenta Reginald.

Una de las principales actividades de los rompehielos consiste en escoltar a barcos. Cuando tienen la noticia de que algún barco sale de puerto, pide asistencia para poder salir de las zonas ocupadas por el hielo. Este ejercicio tan peligroso permite preservar el tráfico y, sobretodo, dejar las vías navegables abiertas todo el año.

Cuando el termómetro baja más, se acelera la formación de hielo. En estos casos, se produce una situación de alto riesgo, porque el golfo se transforma en un gigantesco cubito de hielo, una trampa de cristal. En días así, la temperatura roza los 42 grados bajo cero. En Quebec dicen que del mar sale humo y eso trae malos recuerdos.

En febrero de 1993, durante cerca de 28 días más de sesenta barcos quedaron bloqueados por el hielo. Esta paralización se debió al hecho de que una parte del estuario se cerró bruscamente. En tan sólo unos días, se formó una pared de hielo de quince metros de grosor que dejó a los barcos irremediablemente atrapados. Desde entonces, se han reforzado los sistemas de lucha y también de vigilancia de San Lorenzo. La solución es marcar la ruta a los barcos. Reginald lamenta que estas rutas no sean más estables. El hielo es caprichoso y obliga a realizar nuevos trazados constantemente: “La semana pasada cambiamos la ruta 13. La inutilizamos. La temporada pasada cambiamos 20 o 22 veces las rutas”.

Un año, en pleno invierno, más de 2000 barcos pudieron atravesar el golfo y no hubo ningún problema grave. Sólo pasa que el verano ya se ha ido, y dentro de unas semanas los guardianes de San Lorenzo abrirán, una vez más, la ruta del hielo.