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» Historia del Submarinismo 1. El buceo a pulmón

En este espacio repasaremos brevemente la historia del buceo y sus técnicas. Hoy nos centraremos en los orígenes, es decir, el buceo a pulmón


Oriol García

El hombre, con la sola reserva del aire de sus pulmones, es capaz de realizar sumergido hazañas que se considerarían increíbles de no existir sobre ellas testimonios fidedignos. A lo largo de los siglos, muchos han buceado a pulmón para realizar infinidad de Trabajos que le eran necesarios; pesca de mariscos, de algas, de perlas, de coral, reparaciones de barcos...

Antiguamente, para los trabajos en la mar, el buzo se lanzaba al agua desnudo con una cuerda atada a la cintura y sujetando el lastre de plomo o piedra que le ayudaba a irse al fondo. Su equipo lo completaba un cuchillo para arrancar las esponjas, coral u ostras adheridas a las rocas y una red para depositarlas. Cuando terminaban su trabajo o no podían aguantar más la respiración, daban unos tirones de cuerda para que les ayudasen a volver a la superficie.

Los límites del cuerpo

Por mucho entrenamiento y condiciones físicas que posea un buceador a pulmón, solamente puede permanecer sumergido durante unos pocos minutos. En efecto, el aire no se renueva en los pulmones, la sangre no se purifica al contacto con el oxígeno y se carga de elementos nocivos que la envenenan, produciendo fatalmente la asfixia y la muerte. Por este motivo, raramente se buceaba en estas condiciones a profundidades de más de 25 metros, pues los casos de hemorragia nasal, bucal y de oídos eran –y son- frecuentes.

Entre estos primeros profesionales del buceo de antaño, algunos cubrían su cuerpo con grasa o aceite para aislarse del frío y se tapaban los oídos y la boca con esponjas bañadas en aceite. Esta práctica resultaba de escasa utilidad, y muy a menudo perjudicial, por lo que fue abandonándose progresivamente. Los orígenes: las “Amas”

Una primera referencia literaria al buceo a pulmón la encontramos en el clásico de Homero “La Ilíada” –que relata la guerra de Troya-, donde se describe el hundimiento de la carroza de Héctor y habla de los ocupantes de la misma lanzándose de ésta “como buzos al agua”. Las primeras poblaciones que implantaron la pesca a pulmón fueron sobretodo las del Pacífico Occidental, recolectoras de moluscos y algas. Hay indicios que los buceadores de estas latitudes, sobretodo mujeres, han venido practicando esta clase de pesca a lo largo de 2.000 años, generación tras generación. En Japón, estas buceadoras reciben el nombre de “Ama”, y podemos encontrarlas reflejadas en sus obras de arte más antiguas. En el Japón actual, todavía existen “Amas”, que tienen un periodo de aprendizaje que permiten a las jóvenes con menos experiencia bucear a menor profundidad e ir progresando con el tiempo. Durante la inmersión, la buzo es asistida por un ayudante en superficie, que suele ser su marido o su hermano. Éste está encargado de soltar y cobrar el cabo que une la barca a la buceadora. Debe, además, controlar los tiempos de inmersión, vigilar las corrientes y los arrecifes, prevenir de la aparición de tiburones, rescatar al buzo...

Pesca de esponjas, perlas y corales

Existen referencias históricas con más de 4.500 años de antigüedad que nos hablan de las madreperlas obtenidas por los buzos de la época de forma a veces sumamente excepcional. Las especiales características de estos objetos han contribuido a que, a lo largo de los siglos, se haya desarrollado una importante industria basada en las perlas, obligando a los buzos a buscar a mayor profundidad las de mejor calidad.

Asimismo, desde hace centenares de años, la pesca del coral ha constituido una floreciente industria en las costas españolas, especialmente en Cataluña y Baleares, donde se encuentra el preciado coral rojo, muy utilizado por los joyeros de todo el mundo. Esta industria alcanzó una gran importancia a mediados del siglo XIX, lo que constituyó una época dorada para los coraleros.

En el caso de las esponjas, fue y sigue siendo un negocio floreciente que ha permitido vivir a gran número de buzos a lo largo y ancho del Mediterráneo. Éstas son una mercancía muy apreciada que se usa para la higiene personal y el baño. Los griegos especialmente, hicieron del arte de bucear un negocio lucrativo, y su fama como buceadores no ha tenido parangón en la historia.

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