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» 9: La teoría de la deriva de los continentes y de la expansión del fondo marino

Hasta hace muy poco, los geólogos pensaban que la superficie de la tierra no había cambiado demasiado desde la formación del planeta hace 4,6 mil millones de años. Creían que los océanos y continentes siempre habían sido como son ahora. Un científico alemán, Alfred Wegener, hizo interesantes descubrimientos que dieron la vuelta a esta teoría.


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Hace menos de cien años, un científico alemán llamado Alfred Wegener inició unas investigaciones que marcarían la historia de la oceanografía y de la geofísica en general.

Había encontrado fósiles de plantas y animales muy similares en África y Sudamérica, así como también en otros continentes separados por océanos. También se encontraron formaciones similares de roca en continentes muy separados entre ellos. Esto hacía pensar que estas formaciones habían sido una única alguna vez pero que después se habían dividido.

Wegener se dio cuenta de que si se pudiera colocar el oeste europeo y Africa junto con el continente americano, las costas podían encajar casi perfectamente. Estas evidencias demostraron a Wegener que los continentes habían estado conectados en una gran masa continental que en algún momento se había fragmentado, y sus piezas separado y dispersado.

La teoría de la deriva de los continentes

Alfred Wegener nació en Berlín, Alemania el 1 de noviembre de 1880. Pasó mucho tiempo en Greenland como miembro de varias exploraciones y expediciones de investigación. Su libro, "El origen de los continentes y los océanos" se publicó en Alemania en 1929 y fue básico en el desarrollo de la teoría de la expansión del fondo marino.

En 1915 ya había propuesto su teoría de la deriva de los continentes. Afirmó que los continentes flotaban sobre un manto de rocas más pesadas y densas que se encontraba dentro de la tierra. Wegener predijo que el aumento de las temperatura dentro de este manto caliente creaba corrientes de rocas parcialmente fundidas que eran las responsables del movimiento de los continentes sobre la superficie de la tierra.

Como la mayoría de teorías revolucionarias, la Wegener no fue aceptada en su momento por los científicos. La forma complementaria de los continentes y las pistas de los fósiles y piedras no eran pruebas suficientes. Durante las décadas siguientes, los científicos no entendían como los enormes continentes podían ser transportados sobre la faz de la tierra, y no tenían evidencia de ningún proceso que hiciera que los continentes se movieran.

La tierra como una bola de baseball

Entre 1950 y 1960, geólogos marinos como Bruce Heezen, Marie Tharp y Henry Menard usaron los datos de los sonares para cartografiar las crestas o dorsales oceánicos en el norte del Atlántico y el Pacífico.

Se dieron cuenta que estos dorsales se extendían miles de kilómetros para formar cadenas montañosas que luego aparecían en la superficie de la tierra, de la misma manera que las líneas de las costuras de una bola de baseball.

También observaron que las cimas de estas crestas tenían una topografía que se parecía mucho a las grietas volcánicas existentes en la tierra. Sus cimas tenían forma de cañones con forma de V con valles estrechos y escarpados en el centro, a lo largo de los cuales se registran frecuentemente sismos submarinos. Estas observaciones hicieron pensar a estos geólogos marinos que las dorsales mesoceánicas se habían formado por volcanes en el suelo marino.

Cuando estos volcanes entraban en erupción, emanaban lava que se enfriaba y se solidificaba para convertirse en nuevo fondo marino. Se descubrió entonces que cuando esta lava se enfriaba, sus partículas magnéticas se alineaban con el campo magnético de la tierra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los magnetómetros empezaron a usarse para investigar las propiedades magnéticas del fondo marino, se pudo saber que el campo magnético de la tierra se había intercambiado varias veces en la historia, cambiando de lugar los polos norte y sur.

Así, dependiendo de dónde se formaban las rocas del suelo marino, sus partículas se habían alineado en una u otra dirección y habían producido diferentes anomalías magnéticas positivas o negativas.

La expansión del fondo marino

A finales de la década de los 60, los datos del magnetómetro revelaron un comportamiento alterno en la forma de las líneas de los fondos marinos. Las rocas que se habían formado cuando el campo magnético de la tierra estaba en una posición se alternaban con rocas formadas cuando el campo estaba al revés. Las rayas iban paralelas en las dorsales mesoceánicas y se extendían cientos de kilómetros en cada uno de sus lados.

Los datos del suelo marino mostraban como la nueva corteza marina se había creado en las dorsales y entonces se habían expandido desde allí en las dos direcciones.

Esta teoría de la expansión del fondo marino ya había sido propuesta algunos años antes por un profesor de geología, Harry Hess, y por Roberto Diez, un oceanógrafo del US Coast and Geodetic Survey, un departamento federal que realiza mapas de los océanos y de las costas de Estados Unidos.

Según Hess, la tierra tenía grandes hendiduras que surgen en la corteza terrestre, en el fondo de los océanos. A medida que la corteza oceánica se iba dilatando y enfriando durante millones de años, se densificaba y se hundía bajo estas grandes hendiduras o "zonas de subducción".

A través de ellas, por medio de estas corrientes de convección, se derrama la roca fundida o magma fluido que, gradualmente se solidifica en las márgenes de estas hendiduras y genera crestas montañosas. Precisamente es debido a la irrupción constante del magma y su solidificación en los bordes de la hendidura, que surge suelo oceánico nuevo.

Los volcanes y los terremotos son comunes en las zonas de subducción. Estos a menudo se producen en los extremos o márgenes de los continentes. "La falla de fuego", como se la denomina por sus volcanes y terremotos, se creó por una serie de zonas de convección en la línea de la costa que rodea el océano pacífico desde su extremo más al oeste de Sur y Centroamérica hasta las islas Aleutias en Alaska, hacia el oeste del pacífico, desde Japón y las Filipinas hasta Indonesia y Nueva Zelanda.

La teoría de las placas tectónicas

En 1965, un geofísico canadiense, J. Tuzo Wilson, combinó las teorías de la deriva de los continentes con la de la expansión del fondo marino al proponer la teoría de las placas tectónicas. Tuzo afirmaba que la corteza terrestre o litosfera se dividía en enormes y rígidas piezas llamadas "placas".

Estas placas "flotan" sobre un capa de roca que se llama la astenósfera. En la astenósfera, las rocas están sometidas a un calor y una presión tan grande que se comportan como un líquido viscoso muy parecido a la miel muy espesa.

El término "deriva de los continentes" ya no era más preciso porque las placas conforman la corteza tanto oceánica como terrestres, con lo que son las dos las que se desplazan sobre la faz de la tierra.

Tuzo Wilson predijo tres tipos de relaciones entre placas: las dorsales mesoceánicas (donde se crea la corteza marina), las grandes hendiduras del suelo marino (donde las placas oceánicas son subducidas) y unas enormes fracturas denominadas fallas de transformación, donde las placas se mueven una debajo de la otra.

La teoría de las placas tectónicas ha supuesto un teoría unificadora que explica los procesos fundamentales que configuran la forma de la faz de la tierra.