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La Guerra Civil Estadounidense ayudó a la aparición de una nueva y poderosa arma marina que se convirtió en habitual en el siglo XX: los submarinos de guerra. Para combatir esta nueva amenaza, la Marina estadounidense pensó en distintos mecanismos para descubrir objetos inmersos en el mar.
Entonces cobró gran importancia una técnica que se había ideado tras el desastre del Titanic para ayudar a los barcos a localizar icebergs. Se dieron cuenta que si la transmisión del sonido a través del agua permitía localizar icebergs, también permitiría detectar submarinos.
Todos los esfuerzos se dirigieron entonces al desarrollo del sonar, un acrónimo que proviene de la combinación de la abreviación de las palabras inglesas "sound" (sonido), "navigation" (navegación), y "ranging" (alcance).
El sonar
Para los oceanógrafos, el sonar supuso un sistema mucho más fácil y preciso de medir las profundidades marinas. En 1872, durante la Expedición del Challenger, por ejemplo, los miembros de la tripulación lanzaban al mar un peso de 90 kilos unida a kilómetros de cuerda de cáñamo. Esperaban hasta que ésta tocaba el fondo, medían la longitud de la cuerda y entonces tenían que izarla de nuevo. Era un proceso que duraba horas para tan sólo una medida.
Con el sonar, los científicos utilizan las ondas de sonido para medir la distancia desde el suelo hasta la superficie del mar. Los cascos de los barcos están equipados a partir de entonces con aparatos denominados transductores que emiten y reciben las ondas de sonido.
La ecosonda fue usada para los estudios oceanográficos durante la épica expedición alemana para explorar el sur del Atlántico a mediados de los años 20 del siglo XX a bordo del Meteor. Hoy, estas máquinas siguen siendo los métodos más usados por los científicos para realizar mapas batimétricos del fondo marino.
Durante los últimos 30 años, también se ha desarrollado el sonar de varias cabezas, que puede automáticamente realizar mapas muy detallados del contorno de grandes extensiones del suelo marino ya que un barco de investigación viaja hasta una velocidad de 12 nudos.
Hoy en día, existen muchos tipos de sonares sofisticados. Nos pueden decir no sólo la profundidad del fondo marino sino también su estructura y las corrientes y la vida existente en él.
El ejército también ha desarrollo otros instrumentos que han resultado ser muy útiles para los oceanógrafos, como el magnetómetro, que sirve para medir los campos magnéticos. El ejército lo utiliza para detectar los enormes cascos de los submarinos. Los oceanógrafos lo utilizan para conocer las propiedades magnéticas de las rocas del suelo marino.
Estas propiedades han resultado ser claves para cambiar algunas de las ideas que se tenían sobre el funcionamiento del planeta.