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> 7: Cartografiando las corrientes marinas

Durante el siglo XIX, las investigaciones sobre el mar se multiplican. Ayudado por mensajes en botellas a la deriva, Matthew Fontaine Maury fue el primero en dibujar un mapa sobre las corrientes marinas y sus movimientos.


Thalassa-online

A mediados del siglo XIX, Matthew Fontaine Maury es nombrado jefe del Departamento de Mapas e Instrumentos de la marina estadounidense. Fue entonces cuando descubrió que este departamento no sólo no poseía casi mapas sobre los océanos, sino que no era más que un gran almacén de viejos diarios de viaje de algunos barcos de la marina.

En estos diarios de viaje, los capitanes que habían viajado por el norte del Atlántico habían escrito sus localizaciones diarias, así como también la velocidad y dirección de los vientos y corrientes.

Maury se dio cuenta de que estos viejos libros contenían una mina de oro en información. Recopilando las anotaciones de muchos barcos, llegó a la conclusión de que había algunos elementos que se repetían y que seguían un esquema prefijado. Realizó mapas de las corrientes marinas y de los vientos que ayudaron a los capitanes de barco pensar en las mejores rutas para sus viajes por el mar.

A partir de ahí inició una investigación que le permitiría ampliar su libro con más detalles. Preguntó además a otros capitanes de barcos comerciales; les pidió que le enviaran toda la información que pudieran recoger. Pidió también a marineros que lanzaran botellas con mensajes.

Cuando las botellas llegaban a la costa, una nota pedía a quien las encontrara que enviaran una nota a Maury diciéndole donde se había encontrado la botella. De esta manera, Maury pudo conocer mejor el comportamiento de las corrientes y añadir más datos a sus mapas.

En 1847, Maury publicó una serie de mapas llamados los "Mapas de los Vientos y las Corrientes". En 1855 sale a la luz el libro "Geografía Física del mar" que hoy en día es conocido como el "primer libro de texto de la oceanografía moderna".

Rastreador de minas

A finales del siglo XIX y principios del XX, el Príncipe Alberto de Mónaco utilizó un sistema parecido al de Maury para saber que sucedía en la Corriente del Golfo a medida que se acercaba a Europa.

Recopilando las notas que recibía de aquellos que encontraban las botellas lanzadas al mar, estableció que la Corriente del Golfo se divide en el noreste del Atlántico. Una rama se dirige hacia Irlanda y Gran Bretaña, mientras que la otra se dirige hacia el sur de España y África, y entonces se dirige de nuevo hacia el oeste.

Los conocimientos sobre las corrientes del Príncipe Alberto resultaron ser muy útiles durante la Primera Guerra Mundial. Era capaz de informar a los oficiales militares como se moverían las minas explosivas en el océano y en que lugar de la tierra se posarían.

Las autoridades encontraron las minas exactamente allí donde había pronosticado el Príncipe Alberto. De esta manera podían localizarlas y desarmarlas antes de que explotaran.