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Darwin embarcó en la HMS Beagle como naturalista a pesar de que no tenía ninguna formación en la materia y de que acababa de abandonar la Universidad de Cambridge por falta de interés en sus estudios.
Sin embargo, Darwin era un gran observador del mundo natural y tuvo la fortuna de nacer en un momento en el que se estaba produciendo una verdadera revolución de pensamiento. Todos los dogmas establecidos durante los siglos estaban cayendo o puesto en continuo análisis. Preguntas como ¿qué edad tiene la tierra?, ¿cómo se formaron los distintos elementos del planeta? O ¿qué edad y qué diversidad tiene la vida animal en la tierra? eran preguntas habituales.
Darwin tuvo además la suerte de que el Beagle le llevara a las islas Galápagos donde observó diversas especies de animales y pájaros que habían evolucionado en un medio ambiente aislado. Sus observaciones le condujeron a su famosa teoría de la selección natural.
Según esta teoría, las variaciones entre las distintas especies se producen de vez en cuando y la supervivencia o extinción de un organismo se determina por su habilidad para adaptarse a su entorno (Otro joven naturalista del momento, Alfred Russell Wallace había llegado por su cuenta también a conclusiones similares sobre la evolución y la selección natural).
El origen de los atolones
Darwin también hizo importantes observaciones sobre la geología de las islas y costas que visitó. Propuso la teoría sobre la formación de los atolones. Los atolones son barreras de coral que forman pequeñas islas en cuyo centro se encuentra una laguna. Se encuentran en su mayoría en el Pacífico. Un ejemplo es el atolón Bikini que se sitúa al noroeste de Hawaii.
Darwin propuso que un atolón era un volcán que se hundía debido a su peso. A medida que el volcán se hunde, la barrera de coral que rodea el volcán crece hacia arriba. Puesto que el ritmo al que los corales crecían se relacionaba con la velocidad a la que la isla se hundía; entonces las pequeñas islas de coral crecerían formando un aro alrededor del volcán hundido.