VELA
  SUBMARINISMO
  SURF
  PESCA
  MEDIO AMBIENTE
  HISTORIA Y ARTE
  TROTAMUNDOS
  MUNDO NÁUTICO
 
  COMUNIDAD
  FOROS DEL MAR
  TABLÓN DE ANUNCIOS
  LISTA DE CORREO
  BOLETÍN
» Entrevista al escritor gallego Manuel Rivas

Respecto a Galicia existe una deuda histórica de catástrofes. Ninguna otra parte del mundo ha sufrido 7 catástrofes de tipo ecológico en sólo 25 años


José Luís Secorún

Nos citamos con Manuel Rivas frente a la Torre de Hércules en la entrada de bahía de la Coruña para realizar la entrevista. No lo sabíamos, pero este paraje llamado Campo do Rata ha sido testigo de algunos de los episodios más trágicos de la historia gallega. Rivas nos cuenta que durante la Guerra Civil en este lugar se ejecutaron muchos republicanos. Fue también cerca lugar que se hundió el Mar Egeo, provocando la última catástrofe petrolera acontecida en Galicia , antes de la del Prestigue . Pero en este país no se aprende de los errores, y ahora la mayor parte de la costa gallega se ha vuelto a ensuciar de combustible, provocando el mayor desastre ecológico ocurrido nunca en España.

Este escritor gallego, es uno de los principales valedores de la plataforma Nunca Mais, surgida a raíz de la catástrofe. Transcurridos dos meses desde que se produjo el accidente, nos explica cual es el sentir del pueblo gallego, su pueblo.

¿Porqué decidiste apoyar a la plataforma Nunca Máis?

Manuel Rivas: Cuando ocurrió el accidente, pensé que era el momento de que alguien diera la cara. Es difícil hacer un análisis con perspectiva, porque todavía no sabemos en qué asalto estamos, si en el tercero o en el cuarto. Pero aquí estamos, en pleno combate y con una sensación en parte agónica, porque esto va a ser muy duro y largo. Sabemos bien que en todo este proceso se oculto mucha información. Pensamos que, por ejemplo, el vertido del Mar Egeo fue mucho más limitado, tanto en su impacto como en otros sentidos, y aunque hubo mucho interés en manipularlo y presentarlo como un caso muy parecido al Prestige no lo fue en absoluto.

Pero, aunque el Mar Egeo fue mucho más limitado, todavía hay personas afectadas que ahora están empezando a cobrar las indemnizaciones por los daños que sufrieron.

¿Se puede llegar a compensar una catástrofe así?

M. R.Lo que nunca se mide en estas cosas –y quizás es lo más importante- son los efectos psicológicos de las personas y de los pueblos. Creo que respecto a Galicia existe una deuda histórica de catástrofes. Ninguna otra parte del mundo ha sufrido en sólo 25 años 7 catástrofes de tipo ecológico y con un impacto tan grande sobre el medio como las que han ocurrido en Galicia.

Impactos sobre la naturaleza, y cuando hablamos de impactos sobre la naturaleza tenemos que hablar también de impactos sobre las personas que viven allí. Esas personas son las que reinventan a la naturaleza, las que le dan una dimensión de espacio emocional. Pienso que en esta historia tiene 2 caras y una de ellas es evidentemente la tragedia, un gran proceso destructivo, una especie de Leviatán.

¿Un Leviatán?

M. R. Sí, hay que recordar que los fondos del infierno estaban alimentados por alquitrán, lo que nosotros llamamos chapapote. También está la parte de reacción popular, seguramente más interesante para el futuro. Esta movilización causó más impacto informativo que la propia catástrofe. Veíamos en las primeras páginas de muchos periódicos del mundo esas fotos de marineros gallegos luchando prácticamente cuerpo a cuerpo con las masa de fuel pesado que venía para la costa.

Eso sí que es una revolución de la mirada de Galicia, porque en ese tipo de catástrofe en una sociedad como la gallega –y también la española- donde la democracia está en una situación de pausa, donde el Estado ha sido usurpado por personas que no creen en él, ni en lo público. Estos usurpadores procuran minimizar y desprestigiar los colectivos públicos. Así pues, esta reacción popular tiene un carácter ejemplar, porque pone en evidencia que hay un abandono del relato público. Que suceda en Galicia a mi me parece muy interesante.

¿Le preocupa que todo esto caiga pronto en el olvido?

M. R. Está claro que se va a hacer todo lo posible para que nos devuelvan a casa, para encogernos y restablecer la situación anterior. Pero yo creo que esto no sucederá, porque el cambio de mentalidades es demasiado importante. No estamos hablando de un novecientos feliz donde después de unos años de tinieblas y de años oscuros la gente resurge a la luz de la ilustración y de la utopía. No, un país no cambia de repente. Sabemos que una sociedad, que un país, que un momento histórico nos se atornilla y desatornilla de un día para el otro.

Sabemos que eso no sucede así. Hay bastante sentido común aquí, a veces demasiado. Pero lo que sí está claro es que ha habido un cambio en las mentalidades; éste es el efecto más importante. Desde luego esto sucede en todo el mundo: vemos a mucha gente desafecta a la situación anterior, a esa especie de limbo democrático autoritario en el que vivíamos. Es lo que Octavio Paz llamaba el Régimen del Ogro Filantrópico, refiriéndose a algunos regímenes de Iberoamérica, refiriéndose a cuando un cacique hace algún favor para seguir en el poder.

Esa situación pasó a la historia, puede mantenerse artificialmente, pero la mentalidad de la gente cambió. Es como si estuviera en las vísceras de la sociedad moderna. Es curioso que ese país muy apartado y tal está en la vanguardia de las tragedias. Hace poco tuvimos las vacas locas y ahora tenemos esto. Son dos tipos de crisis que podíamos decir muy modernas, paradójicamente porque sólo se usa la palabra moderno para hablar de tendencias musicales y artísticas, bueno pues aquí la modernidad la tenemos en las formas de Apocalipsis de la sociedad de riesgo. Pienso que Galicia ha hecho frente a muchas adversidades históricamente y va a hacer frente a esto, pero tanto la infancia y los jóvenes gallegos están electrizados con esta historia. No olvidarán nunca esto.

¿Cree que hay un nuevo modo de pensar en Galicia?

M. R. Durante los primeros días del Prestige, había como un murmullo de fondo con mucha inquietud y desamparo. No se sabía bien lo que iba a pasar y se ocultaba la información. Se decía: nada, esto es una cosa de días, lo peor ya ha pasado. Pero nosotros sabíamos que estaba pasando algo muy serio y que, a lo mejor, un ministro inconsciente y mesetario podía pensar que llevar el barco mar adentro haría desaparecer el problema. Pero nosotros conocemos el mar y sabemos que lo que está a cien millas en poco tiempo puede estar aquí. El mar es un ser vivo, no un desierto estanco. Contando la historia había un eco de voces que clamaban que no podía ser que esto volviera a pasar y que no se hiciera nada.

En esa Galicia, supuestamente anestesiada, parecía que no iba a pasar nada los primeros días. La reacción cívica que se produjo me parece muy importante en esta historia, porque se recuperó la noción de lo cívico y de lo ciudadano. Se recordó que somos una democracia donde las personas son sujetos activos y no meros espectadores o consumidores. Somos personas que cuando sufren un problema afrontan las responsabilidades participando en la lucha.

¿Alguien llegó a preveer esta reacción popular?

M. R. Puedo contar un detalle de cuando se organizó y convocó la manifestación de primero de diciembre en santiago. Salí de Coruña ese día por ese domingo por la mañana. Llovía muchísimo y los cálculos más optimistas auguraban una participación de 10.000 personas. Dos horas más tarde se habían reunido más de 200.000 personas allí en Santiago.

No sabíamos que iba a pasar. Lo único que sabíamos era que había un gran descontento, una reacción de lucha, de catarsis, de combatir la tragedia. Creo que la reacción popular surgió al ver a los pescadores -los mas directamente afectados- ir a luchar contra esa tragedia son sus propias manos. Creo que ese fue un factor decisivo.