Thalassa-online
Una isla desierta, abandonada. La isla de los pájaros, en un mar helado, en los confines de Siberia. Un pueblo en ruinas, los restos de una fábrica: aquí es donde empezó todo.
Volcanes, montañas, bosques. Estamos en Kamchatka, una península situada en el extremo oriental de Siberia, cerca de Japón y Alaska. Una tierra rica. Al norte hay minerales, pero todavía es verde y salvaje. Kamchatka es la cuna de los italmen, los chuch y los koriak, que son pueblos indios.
Los aventureros que buscaban oro vinieron a esta tierra lejana y encontraron los tesoros que buscaban. El tesoro aquí es el cangrejo real. Un cangrejo gigante de largas pinzas rojas, un crustáceo muy apreciado.
Los rusos empezaron a explotar el cangrejo real en los años 30. Los primeros pescadores construyeron el pueblo de Uts-Kairiuzovo en la costa oeste de Kamchatka, cerca del mar de Okhotsk. La gente vive aquí como los osos. No tienen gusto, ni cultura. No se preocupan de las casas porque piensan que no se quedarán aquí mucho tiempo. Para ellos este pueblo es una cosa provisional. Siempre quieren irse, pero acaban quedándose 20 años. La gente no se marcha porque tienen miedo de vivir peor en cualquier otra parte. Aquí, al menos, hay el río y el mar y tienen algo que pescar.
2.700 personas y siete meses de mucho frío. En primavera, hay fango. Durante el verano el polvo y los mosquitos. Vivir aquí es todo un reto. Al pueblo sólo se puede llegar por mar o por aire. Cada año llegan 30.000 toneladas de mercancías en barco. En invierno queda aislado de todo el mundo, inaccesible. Por esto, para prevenir la escasez, los alimentos están racionados todo el año.
Está lejos de todo y la vida es muy dura aquí, pero siempre hay gente dispuesta a perderse en este lugar apartado. Tienen una buena razón: se gana tres veces más aquí que en ninguna otra parte.
Nataixa y Piotr son ucranianos: Decidimos venir aquí para ganar dinero y hacer algunos ahorros para construirnos una casa en Ucrania. Allí yo era conductor –explica Piotr-, y aquí es donde aprendía el oficio de pescador. Habíamos previsto quedarnos tres años, pero han pasado seis y todavía estamos aquí.
La pesca del monarca de Kamchatka
Durante la temporada de los cangrejos, Piotr se embarca regularmente unas cuantas semanas seguidas y Nataixa ha tenido que adaptarse a su nueva vida de mujer de marinero. Al alba, los pescadores comienzan a retirar las jaulas. 1.500 jaulas, colocada entre 20 y 130 metros de profundidad. Este es el plan de la jornada.
Estamos en el mar de Okhotsk, a bordo del Pintada. 36 metros de largo, 16 hombres a bordo. Este barco y cinco más pescan el cangrejo real por encargo de la fábrica de Uts-Kairiuzovo. La conservera fija la cuota de pesca: este año serán dos toneladas al día; cerca de 1.000 crustáceos por barco. Existe una gran preocupación por la preservación del stock de cangrejos. Por este motivo se fijan cuotas: para no agotar el tesoro del mar de Kamchatka.
La temporada empieza el mes de mayo y se acaba el 15 de julio. Dos meses y medio de trabajo agotador, con la obligación de volver cada noche a la costa. Allí esperarán al carguero que se llevará a la fábrica las capturas del día. Los cangrejos tienen que ponerse boca arriba, porque es la mejor técnica. Tumbados de espaldas, los cangrejos se mantienen vivos más tiempo durante el transporte.
Sólo pescan los cangrejos que tienen 15 centímetros de diámetro. Hace falta, además, que las patas estén bien duras y con mucha carne dentro. También hace falta que los cangrejos estén sanos, sin parásitos en la cáscara.
La pesca nipona
Los primeros en explotar el cangrejo real fueron los japoneses. Desde el siglo XIX, surcaban el mar de Okhotsk y del pacífico norte a bordo de sus barcos-fábrica, hechos de madera. Ellos fueron quienes crearon la primera gran conservera de Kamchatka en la isla de los pájaros.
Cuando los rusos llegaron a la región, los japoneses les transmitieron sus habilidades. Fue un aprendizaje difícil tal como recuerda Pavel, uno de los pescadores de la zona: Los japoneses eran profesores muy severos. No admitían ni el más pequeño error. Si no hacíamos las cosas como ellos querían, nos pegaban en la cabeza con una rama de bambú. ¡Más te valía no equivocarte!
En 1934 los rusos pidieron a los japoneses que abandonaran las aguas de Kamchatka. Dejaron tras de si la fábrica de la isla de los pájaros y los rusos la aprovecharon. Taller por taller, lo desmontaron todo y se llevaron la conservera al continente. Hoy en día, cerca de 200 personas trabajan en esta fábrica, donde se tratan cerca de 10 toneladas de cangrejos al día. Lavados, hervidos y cortados, unas doce horas después de la pesca los cangrejos ya están enlatados. Esta fábrica sin edad es la única conservera de cangrejo real de Kamchatka.
Desde siempre, la conservera da empleo a trabajadores temporeros para que preparen los cangrejos. Pero ahora la mano de obra es cada vez más escasa y, para no frenar la producción, la dirección recurre a los niños del pueblo. Algunos apenas tienen doce años.
Ingresos desiguales
El cangrejo no reporta prácticamente nada a aquellos que lo pescan y lo preparan. Moscú compra las latas en Kamchatka por el equivalente de 40 pesetas. Después las vuelven a vender, sobretodo a Francia, alrededor de 50 veces más caras. Se comprende, pues, porqué la dirección de la fábrica desea tratar directamente con el extranjero.
Uno de los encargados de la fábrica nos comenta: No sé cuanto podríamos sacar de la venta del cangrejo real, porque actualmente toda nuestra producción la vendemos al estado. Nunca conseguimos beneficios. Hace un tiempo que entramos en contacto directo con los americanos y los japoneses. Si llegáramos a trabajar directamente con ellos la gente de aquí podría esperar un futuro mejor.
El Sotrusetsvo: paraíso flotante
Existe un lugar para los pescadores de cangrejos que sueñan con una vida mejor. Comparado con Uts-Kairiuzovo, ese lugar parece el paraíso. No está demasiado lejos del continente. Está mar adentro, a cuatro horas de navegación. En pleno mar encontramos de nuevo el siglo XX. Aquí hay todo lo que los habitantes de Uts-Kairiuzovo no tienen: sauna, piscina, biblioteca, discoteca, cine y hospital.
El Sotrusetsvo es una base flotante de última generación. Este gigantesco navío de 180 metros de largo costó a los soviéticos la bagatela de 20.000 millones de pesetas. Está anclado en alta mar unos cuantos meses seguidos. 500 marineros viven a bordo de esta ciudad del mar; tanto hombres como mujeres.
Grúas gigantes, tecnología punta, esta base flotante es el orgullo de la industria pesquera soviética. Durante la temporada del cangrejo, el Sotrusetsvo cruza mar adentro frente a Kamchatka. 24 horas al día, los barcos de pesca que trabajan para esta fábrica flotante vienen a descargar. 120 toneladas de cangrejos llegan a la cubierta cada día.
Dentro del vientre de este gigante del mar 300 personas trabajan día y noche. Talleres espaciosos, equipamiento moderno y rendimiento máximo. Cada día salen de la conservera unas 30.000 latas.
Este año se pescarán en el mar de Okhotsk más de 24.000 toneladas de cangrejo real. Japón, Estados Unidos y Europa comprarán esta delicia a un alto precio. Francia, por ejemplo, importa ella sola carne de cangrejo por un valor de 1.500 millones de pesetas. Las divisas entran a riadas. La industria promete un buen futuro; explotarán el filón mientras haya cangrejos que pescar.
Artículos relacionados:
» Plaga de cangrejos gigantes en noruega
Las autoridades están preocupadas por el impacto que pueden causar en el ecosistemas estos cangrejos de Kamchatka
Más noticias e información sobre PESCAS DEL MUNDO las podrás encontrar en el archivo de thalassa-online . Si quieres opinar sobre el artículo, únete a nosotros en los foros.